miércoles, 20 de noviembre de 2013

¡A comer!


Una de las cosas que necesariamente un estudiante mejora cuando sale a vivir fuera de casa es ese gran tema atemporal: el noble arte de cocinar. 

Cuando se trata de alimentarse, no importa tu experiencia o la falta de ella. Es algo vital e incluso trivial, pero quizás por eso sea tan difícil hacer algo mínimamente decente teniendo en cuenta el presupuesto y el tiempo de que disponemos. 

Aun así, una lo intenta y aunque la mayoría de cosas que cocino son muy simples, he de confesar que el otro día se me quemó lo último que habría pensado que se podía quemar.

Paninis. Sí, eso fue lo que se quemó. Y no, aquí no hay horno. Sí, se quemaron/calcinaron en el microondas. En fin, me ahorraré los detalles de la muerte de lo que prometía ser una gran cena y sólo os diré que todo pasó más o menos rápido aunque varios días después el olor a quemado todavía perdura dentro de la máquina. 

No cesaré en mi intento de convertirme en una Arguiñano, aunque de vez en cuando me gustaría poder hacer lo mismo que los estudiantes belgas: ir el fin de semana a casa y probar lo que llamaríamos comida de verdad o como mínimo hecha con más delicadeza y dedicación. Por muy cocinillas que nos creamos está claro que la experiencia es un grado y en el campo culinario las madres y/o abuelas dan mil vueltas a todo lo que hayamos podido comer o cocinar.

De momento y hasta las navidades seguiré intentándolo ;)

¡Hasta pronto!

Off-topic: Para desestresarnos os dejo con Sunshine Reggae de Laid Back 



P.D.: No es buena idea congelar la tortilla de patatas.

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